En la costa se afirma que los cangrejos
son animales hechizados.
Son seres incapaces de volverse
para mirar sus pasos.
De las tercas mareas aprendieron
la virtud del repliegue,
el ocultarse
entre rocas y limo.
Caminantes oblicuos,
en la tenacidad de sus dos pinzas
sujetan el vacio que penetran
sus ojillos feroces como cuernos.
Nomades en el fango o habitantes
en dos exilios:
extranjeros
ante los pobladores de las aguas
y ante los animales de la tierra.
Trepadores nocturnos,
armaduras errantes,
hoscos y eternamente fugitivos,
siempre rehuyen la inmortalidad
en imposibles circulos cuadrados.
Su fragil caparazon
incita al quebrantamiento
al pisoteo.